En el rubro informático, así como en otras industrias, se siguen ciertas “reglas” para que todos los proyectos cumplan con requisitos básicos. De ese modo, se facilita el intercambio de datos y la interoperabilidad entre plataformas de una misma red. Desde luego, el ecosistema cripto no es la excepción.
Qué es la estandarización en crypto
Según la Real Academia Española, la acción de estandarizar implica “ajustar varias cosas semejantes a un tipo o norma común”. En otras palabras, se refiere al proceso de adaptar un producto a requisitos predeterminados compartidos con otros de su estilo.
Trazando una analogía con el deporte, la estandarización sería como el reglamento de una liga. Este documento detalla las reglas que los competidores deben seguir, para evitar diferencias de categoría, peso, altura o cualquier otra característica relevante entre ellos.
Ejemplos de estandarización en el mundo crypto son los tokens BRC-20 en Bitcoin y los ERC-20 en Ethereum. Ambos términos hacen alusión a un protocolo creado para que todos los tokens sean técnicamente semejantes —independientemente del uso de cada uno— y compatibles entre sí.
Lo que esto permite, por ejemplo, es que puedas cambiar tus USDT en Ethereum por otros tokens de la red, como los tokens UNI de Uniswap. El intercambio es posible, claro, si ambos tokens están integrados en el mismo protocolo, un factor que es más sencillo gracias a la estandarización.
Por qué los estándares importan: interoperabilidad y seguridad
Los estándares permiten que proyectos con diferentes orígenes y objetivos “hablen el mismo lenguaje”. Para entender su relevancia, imaginemos si no existieran y cada equipo de desarrollo creara sus tokens según sus propios ideales y preferencias. Sería un lío pensar en transacciones e intercambios entre ellos, ¿no?
Pero hay otro punto que no es menor con respecto a la estandarización en cripto, y es que es fundamental para la seguridad de los usuarios. Al crear aplicaciones y protocolos, los desarrolladores deben cumplir con buenas prácticas que disminuyen riesgos técnicos y facilitan las auditorías.
No obstante, cabe aclarar que esto no desliga a los desarrolladores de los contratos inteligentes y dApps de posibles vulnerabilidades de seguridad en sus productos. Estos desarrollos pueden cumplir con una estandarización y aún así contener fallas que pongan en peligro los fondos que administran.
Ejemplos de estándares claves en la industria
Anteriormente, mencionamos los estándares BRC-20 y ERC-20 como ejemplos de estandarización en la industria.
Comencemos por los tokens ERC-20, que son por lejos los tokens más conocidos y utilizados, sobre todo por casos de uso como las stablecoins. El estándar ERC-20 es una “plantilla” para crear tokens a partir de contratos inteligentes en Ethereum. Siguiendo estas reglas predefinidas, se asegura que todos los ERC-20 son compatibles con las aplicaciones descentralizadas, wallets y protocolos en Ethereum.
De forma similar, el estándar BRC-20 establece lineamientos para crear tokens fungibles en Bitcoin. Es el conjunto de normas que surge del protocolo Ordinals, el cual permite registrar datos arbitrarios en cada satoshi (unidad mínima de BTC).
Finalmente, otro estándar muy reconocido es el ERC-721, que permite acuñar tokens no fungibles (NFT, por sus siglas en inglés) en Ethereum. La característica principal de estos tokens es que son únicos e irrepetibles, por lo que no todas las unidades valen lo mismo y no siempre son intercambiables unas por otras.
El rol de las comunidades y fundaciones en definir estándares
Las personas encargadas de contribuir al desarrollo de las redes blockchains son quienes definen los estándares en ellas, y casi siempre deben contar con el consenso mayoritario del resto de la comunidad para ello.
Esto se logra a partir de procesos formales, como los EIP (Ethereum Improvement Proposals) o los BIP (Bitcoin Improvement Proposals), que son propuestas de la comunidad que se debaten y votan antes de su aplicación en el protocolo. Quienes tienen nodos mineros o validadores tienen derecho a dar su voto.
Como en cualquier industria, la estandarización en el mundo cripto es fundamental. Este proceso permite cuidar a todas las partes:
- a los creadores, que garantizan que su producto “tiene lo que hay que tener” en cuanto al cumplimiento de reglas básicas de seguridad y compatibilidad;
- a los usuarios, que operan con protocolos y aplicaciones seguras e interoperables que facilitan su actividad en la red;
- a la blockchain misma, que puede establecer reglas claras que protejan a quienes trabajan y operan en ella y, como consecuencia, conserven su buena reputación.
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